Hay algo que no nos enseñan cuando empezamos en esta profesión.

Cómo parar.

Nos enseñan a diagnosticar, a tratar, a resolver.
A llenar agendas, a optimizar tiempos, a ser productivos.

Pero pocas veces alguien nos dice que detenerse también es parte del proceso.

Salirse del ritmo
Este puente de Semana Santa decidí hacer algo sencillo: irme unos días a Ruidoso, Nuevo México.

Sin congreso.
Sin curso.
Sin “aprovechar el viaje” para algo más.

Solo descansar.

Y jugar golf.

Es una actividad en la que tengo poco tiempo, pero que poco a poco me ha ido atrapando.
Me reta, me obliga a concentrarme, pero al mismo tiempo me despeja.

Y algo que no esperaba: me ha abierto puertas a conocer gente fuera de mi círculo habitual.

Un campo, otro contexto
Jugué en The Links at Sierra Blanca.

Un campo verde, muy al estilo del campestre de Chihuahua, pero con una diferencia importante:
aquí no todo está controlado.

La naturaleza está presente.

En el hoyo 13, por ejemplo, nos tocó ver un caballo caminando entre el campo.

No es algo que planeas.
Pero cambia completamente la experiencia.

La incomodidad inicial… y lo que viene después
En esta ocasión fui solo con mi esposa, que me acompaña, pero no juega.

Eso significa que te agrupan con desconocidos.

Y al inicio, siempre hay un pequeño momento de incomodidad.

¿De qué hablas?
¿Cómo empiezas?

Pero cuando coincides con gente abierta, eso desaparece rápido.

Ese día jugamos con un matrimonio y su hija con su esposo.
La esposa, por cierto, venía de hacer un hoyo en uno.

La conversación fluyó.

Una idea que se quedó conmigo
En algún punto del recorrido, Salvador —el esposo— me empezó a contar sobre su trabajo.

Es ingeniero y da servicio a la industria maquiladora en la zona El Paso / Juárez.

Lo interesante no fue a qué se dedica.

Fue cómo lo hace.

Me habló de algo que él llama mantenerse “generalizado”.

No limitarse a un solo tipo de servicio.
No cerrarse.

Si su cliente necesita mantenimiento, lo hace.
Si necesita pintura, busca cómo resolverlo.
Si requiere construcción o capacitación, lo integra.

No porque él haga todo.

Sino porque entiende que su valor está en resolver.

Me dijo algo que se me quedó grabado:

Eso es lo que le ha permitido seguir vigente, incluso en momentos difíciles.

El espejo inesperado
Mientras lo escuchaba, inevitablemente pensé en mi práctica.

En teoría, lo que hacemos es distinto.

En salud, se nos exige especializarnos.
Diferenciarnos.
Ser cada vez más específicos.

Y eso tiene todo el sentido del mundo.

Pero también es cierto que, en ese proceso, a veces nos volvemos rígidos.

Nos cerramos.

Queremos que todos los pacientes encajen en lo que sabemos hacer.

Y la realidad es otra.



Mi “especialidad” real
Ahí fue donde algo hizo clic.

Me di cuenta de que, sin haberlo estructurado así desde el inicio, he trabajado de forma similar.

Sí, mi práctica es quirúrgica.
Sí, estoy enfocado en periodoncia e implantes.

Pero cuando un paciente no necesita —o no quiere— ese tipo de tratamiento, no lo fuerzo.

Busco alternativas.
Integro a otros especialistas.
Diseño caminos distintos.

Porque al final, mi valor no está únicamente en lo que hago con las manos.

Está en cómo entiendo el problema.

Y cómo construyo la solución.

Si tuviera que definirlo en una sola frase, sería esta:

Mi especialidad es el diagnóstico.

La claridad que da tomar distancia
Ese tipo de ideas no salen en el consultorio.

No salen entre una cita y otra.
Ni en la presión del día a día.

Salen cuando te das espacio.

Cuando bajas el ritmo.
Cuando tu mente deja de reaccionar… y empieza a observar.

Ese fin de semana no resolví casos.
No tomé decisiones clínicas importantes.

Pero regresé con algo igual de valioso:

Perspectiva.

Parar para seguir bien
A veces pensamos que detenernos es perder tiempo.

Pero en realidad, es lo que nos permite seguir avanzando con sentido.

Confirmar que vamos por buen camino.
Ajustar lo que haga falta.
Y recordar por qué hacemos lo que hacemos.

Creo que todos necesitamos, de vez en cuando, salirnos de nuestro entorno habitual.

No solo para descansar.

Sino para vernos desde fuera.

Al final
Mi trabajo sigue siendo el mismo cuando regreso al consultorio.

Diagnosticar.
Planear.
Tratar.

Pero después de parar, lo hago con más claridad.

Y con la tranquilidad de saber que no se trata solo de hacer más.

Sino de hacerlo mejor.

Nos vemos en la próxima cita,

Dr. Edgar González-Moncayo
Especialista en Periodoncia

Diagnóstico primero. Tratamiento con sentido.

Contacto:
Whatsapp: 614.462.5544
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Email: edgar@iraldentista.com
Sitio web: www.iraldentista.com

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